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viernes, 08 de diciembre de 2017

Los hijos del viento que le dieron oro a Colombia en Sudamericanos

Una buena jornada en atletismo ha vivido Colmbia, en Cochabamba. Mateo en macha 5.000 m., Lina y Juan Esteban, cada uno en 800 m., son algunas de las medallas de oro que se han consiguido.

"No seas afanado con las situaciones, pues cada cosa tiene su tiempo", ese es el consejo que le dio Éider Arévalo a Mateo Romero Blanco y que siempre recuerda. Mateo, que acaba de ganar en Cochabamba el oro por marcha en 5.000 metros, entrena con su ídolo, el campeón mundial de marcha en 20 km. Y también con Fernando López, Jorge Ruiz y Lorena Arenas. Por eso debe ser que aunque solo tiene 14 años, sus mentalidad y la forma en que se expresa es la de un adulto, pero de un adulto ganador.

Mateo está por ingresar a décimo grado el colegio Estrada María Auxiliadora de la capital colombiana, es hijo del publicista Helmer Romero y la ama de casa Sandra Blanco. Su hermana mayor, Wendy (22 años), fue subcampeona suramericana de atletismo en 5.000 m., en Argentina, y fue de ella de quien aprendió la afición deportiva. Su hermanita Mariana (12) también sigue los pasos y ya está entrenando.

Desde los 4 años fue patinador y acumuló diversos títulos, pero en 2014 se pasó al atletismo cuando probó en una competencia de 3.000 m. en Cartagena y logró el primer puesto. "Me gusta más esta disciplina porque es un deporte individual, donde uno hace todo por sí mismo. No hay más ayuda que tu propio cuerpo. Aquí no dependes de nadie más, aparte del apoyo del entrenador. Además, en atletismo se sale de Bogotá desde temprana edad, en patinaje solo desde los 16 años".

El patinaje, explica, los cansó porque implicaba demasiado entreno diario y sin tiempo de recuperación. "Lo bueno es que allí todos los compañeros trabajan para uno". Más de 200 medallas de todo tipo tiene en su casa, pero esta es la primera internacional, que por ser de oro tendrá un lugar especial en la colección: "La enmarcaré y la pondré en la sala de mi casa". Mateo sueña con participar en mundiales y olimpiadas; para eso entrena con dedicación durante casi dos horas diarias. En los pocos ratos libres, después de hacer sus tareas, ve series de acción, comedias o se sumerge en el computador.

Seguir con el atletismo y estudiar administración de empresas son parte de sus planes. En Cochabamba se imaginaba en el podio, peor no creía que le alcanzaría para el metal dorado: "Faltando ocho vueltas tenía dolores en los tibiales, entonces respiré y me recuperé en las últimas tres vueltas. Solo me di cuenta de que podía ganar cuando vi que todos los demás estaban mal, faltando dos vueltas".

Su secreto, algo que le enseñó Arévalo, es siempre sentir como si estuviera en un entrenamiento, olvidándose de la presión de la competencia, con tranquilidad y disfrutándolo.

Para Mateo, Supérate, que lo trajo por su talento y resultados al Sudamericano de Bolivia, ha sido el apoyo que le ha permitido seguir adelante, foguearse: "Todo el esfuerzo del año se ve reflejado en la recompensa de un buen viaje, de un buen hotel y buenas condiciones".

Otros dos oros

Juan Esteban Medina y Lina María Gil fueron otros de los campeones dorados de la jornada atlética. Él tiene 14 años y estudia en el colegio Guillermo León Valencia, de Timbío, Cauca: "Practico atletismo desde los 6 años, pero con mayor intensidad desde hace tres años".

Sus padres, Rigoberto y Alba Leonor, son el apoyo, que al comienzo se opusieron a que el muchacho practicara pues le habían diagnosticado un soplo en el corazón. Pero el profesor Pedro Mosquera, su entrenador, los convenció: "Gracias al deporte me curé. Ahora entreno nueve veces en la semana, dos horas por entrenamiento".

En la actualidad tiene más de 100 medallas, pero esta es la primera internacional. Sus modelos a seguir son Caterine Ibargüen y Usain Bolt: "Mi mayor fortaleza es la confianza en mí mismo, sin eso no se logra nada". 

Lina, de 13 años, estudia en la IE 12 de Octubre, de Medellín. Lleva solo tres años corriendo y es gracias al acompañamiento de sus padres, Ubeimar y Gloria Emilsen, que tiene la pasión por el deporte; especialmente por su mamá, que practica baloncesto y desde muy niña la inscribió en una escuela de formación.

"Me di cuenta de que iba a ganar desde que comencé a correr, pues tenía muy bien planeado lo que iba a hacer. Antes de competir, lo planeó todo, miro y analizó a las competidoras, para ver cuál es más fuerte", explica y añade que sus rivales eran la Argentina y la peruana, que siempre le estuvieron respirando en la nuca.
 

Con esta ya son 71 medallas las que tiene y como Caterine es como quisiera ser, para, como ella, llenarse de gloria en un mundial y unos olímpicos. 

prensa Supérate

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